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El eterno debate en el mundo del adiestramiento canino es qué método es el más adecuado para poder conseguir un correcto aprendizaje de conductas, pero en muchas ocasiones no tenemos en cuenta la influencia que puede tener en la relación perro-tutor.

MÉTODOS DE ADIESTRAMIENTO.

No voy a hablar de los métodos que tienen nombre registrado ni copyright, pues no me quiero meter en jardines que no vienen a cuento en este artículo.

Personalmente considero que cualquier método de aprendizaje animal que se produce tiene una bases iniciales basadas en los principios de aprendizaje estudiados que se definen conductistas y que cada cuál va produciendo pequeñas variaciones afirmando que tienen más en cuenta la parte cognitiva unos, y la parte emocional otros. Ya Skinner, a pesar que muchos lo niegan, afirmaba que había una parte no observable de la conducta pero que tenía una influencia notable sobre ella, entre otras cosas se refería a las emociones, diferenciándolas de las respuestas observables consecuencias de esas emociones.

Al mismo tiempo, Skinner hacía referencia a los castigos afirmando que tiene consecuencias no deseadas y contraproducentes en el animal, por lo tanto, aunque defiende su aplicación graduada deja muy claro que si no tienes en cuenta algunas variables puede ser problemático.

Concretando, la gran guerra abiertamente declarada es la de los bandos compuestos por un lado de los autodenominados positivistas y por otros los nombrados como clásicos.

El bando positivista afirma que entrena básicamente con refuerzo positivo y dicen que los clásicos trabajan sobre todo con castigos en todas sus vertientes. Considero que hay que tener conocimiento de estos paradigmas de aprendizaje operante.

El bando de los denominados adiestradores clásicos afirman que los positivistas trabajan únicamente son “salchichitas”, afirmando que no podrán trabajar modificando conductas o adiestrando a perro “fuertes”.

Como podéis ver, a mi juicio, ambos tienen una visión simplista del método del “enemigo” sin pararse a dialogar si hay un punto de encuentro o desencuentro que nos pueda llevar a un entrenamiento respetuoso y orientado a la etología canina y una aplicación meditada de los principios de aprendizaje.

Lo que tengo muy claro y creo firmemente es en la minimización del adiestramiento basado en la aplicación de técnicas punitivas y fomentar la enseñanza de conductas con el reforzamiento adecuado, y digo minimizar porque considero que es imposible eliminar en todas las conductas el castigo negativo, ya que si el perro está realizando una conducta que le gusta pero es considerada inadecuada en la convivencia social del hogar es inevitable que por mucho que reforcemos el dejar hacer, primero tiene que dejar de hacer algo que le gusta provocado por nuestra intervención (castigo negativo). Esto ha sonado a trabalenguas, pero espero que me hayáis entendido.

VAMOS AL ESTUDIO

Fuera de debates subjetivos sobre métodos de adiestramiento, hay investigaciones que respaldan el entrenamiento donde prioriza el refuerzo positivo en la enseñanza de conductas.

Ana Catarina Vieira de Castro acompañada de un equipo de investigadores de  la Universidad de Oporto han publicado un estudio donde se plantean los dos bandos anteriormente nombrados y la influencia de estos en el vínculo emocional entre perro y guía.

Este estudio se realizó con una población de 34 perros distribuidos en 6 escuelas caninas diferentes, donde 3 de ellas utilizaron métodos basados en el refuerzo positivo y otras 3 escuelas donde se utilizaban técnicas autoritarias basadas en una alta “disciplina”.

Para poder establecer el apego de los perros a sus dueños se realizó una modalidad de la prueba se la situación extraña realizada en niños, y en este caso adaptado a perros donde se sigue la presencia y ausencia del tutor y un extraño en una habitación analizando el comportamiento generado por el perro que tiene que ver con el apego. Se analiza el contacto, la separación y la angustia, el tipo de apego que tiene así como el seguimiento que tiene de la separación y el saludo del reencuentro.

CONCLUSIÓN DEL ESTUDIO

Se vio que en las escuelas donde se habían utilizado los entrenamientos de refuerzo positivo los perros tenían un vínculo más seguro con su tutor, eran más juguetones en presencia del tutor que del extraño y que saludaban con mayor entusiasmo, mientras que los perros trabajados de forma disciplinaria generaba un apego más inseguro.

perro_con_juguete

El estudio muestra que la evidencia de un vínculo seguro con los dueños es más consistente en perros entrenados con métodos basados ​​en recompensas que en perros entrenados con métodos aversivos.

MÁS EXPLICACIONES

En un artículo de Psychology Today sobre el estudio del Dr. Stanley Coren se muestra que los métodos de adiestramiento canino crean un condicionamiento clásico donde las repeticiones entre estímulo, evento y emoción fomentan una situación en la que el mismo estímulo evoca la emoción condicionada.

El Dr. Cohen defiende que cuando utilizamos el entrenamiento basado en una fuerte “disciplina” puede provocar que tu visión, la de tu mano, la correa, o el collar seguido de un castigo que provoca dolo o incomodidad se asocia a emociones negativas y de evitación o escape.

LA PREGUNTA.

Sí, la pregunta es ¿hasta donde estás dispuesto a llegar o a sacrificar en la relación con tu perro para conseguir que haga todo lo que tú quieres?

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