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La conducta de un perro puede ser resultado de algunas variables, entre ellas la genética y el entorno, entendiendo este último como el medio, la relación con otros perros, la relación con humanos y el aprendizaje adquirido de la educación y adiestramiento.

Una hipotética conversación entre adiestradores y criadores es qué porcentaje de genética y qué porcentaje de educación (aprendizaje) influye en el comportamiento final de nuestro perro.

Es indudable que el comportamiento de nuestro perro no permanece inmutable a lo largo de su vida, sino que va cambiando en una dirección u otra dependiendo de las experiencias vividas, lo que se le ha enseñado o el éxito reforzante de algunas conductas, que pueden ser catalogadas por los humanos como adecuadas o inadecuadas.

Nadie puede negar que con cada raza se ha potenciado una determinada carga instintiva con el objetivo de desarrollar ciertos comportamientos en beneficio del ser humano. Es incuestionable que un border collie, por ejemplo, tiene una carga instintiva que va orientada al pastoreo, con una serie de conductas complejas formadas por otras que conforman el conjunto final (forman parte de la conducta compleja de caza, pero algunas se han inhibido, como matar a la presa).

Muchos de los trabajos en modificación de conducta o para entrenar nuevas conductas vienen determinadas por esa carga genética, que en muchos casos los propietarios desean eliminarlas, pero la pregunta es ¿hasta que punto podríamos conseguirlo?

perro border collie

Hablemos de genes.

Uno de los primeros desafíos es entender que son los genes y como se expresan. Básicamente, es el recipiente de la información donde se proporciona cada instrucción que forma el cuerpo del perro, además de su funcionamiento.

La información que portan estos genes pueden presentar variaciones dependiendo del individuo, donde se pueden dar pequeñas diferencias entre individuos determinados por combinaciones genéticas producto de esa unión de sus progenitores. Pero en esa combinación genética tendremos genes que se manifiestan de forma inevitable, sin opción a modificación alguna, por ejemplo, el sexo, el grupo sanguíneo. Estos genes donde no se puede ejercer influencia y son inevitables hacen referencia a lo que conocemos como determinismo genético, no hay nada que pueda hacer para cambiarlo una vez se han mostrado en el individuo.

camada de cachorros

Cada miembro de una camada tiene unos genes individuales invariables, que son distintos (por la diferente combinación de los progenitores) de otros individuos.  Por ejemplo, machos y hembras. En estos genes, el entorno y la educación no tienen posibilidad de ejercer influencia o modificarlos.

Por otro lado, tenemos una carga genética que interviene en las capacidades mentales, que tiene influencia en el resultado final, pero también, por el entorno donde se desarrolla y la formación del perro. Esos genes predisponen a una conducta, a una enfermedad, etc… pero no quiere decir que se produzca sí o sí, es decir, no hay un determinismo, se puede dar en el futuro o no.

Como ejemplo de predisposición el la impulsividad. Hay una carga genética que favorece esa impulsividad o por el contrario la calma. Todos conocemos algunas razas más impulsivas que otras, más nerviosas y otras más calmadas.

La cuestión si podemos tener un margen de acción sobre la impulsividad de esas razas que están predispuestas a la impulsividad. La ciencia dice que algo podemos hacer. Si me encuentro con un perro impulsivo y lo educo, desde la edad temprana, en un entorno estable y relativamente calmada, desarrollando una educación controlada de esa impulsividad y fomentando la calma, el saber esperar, etc…, al menos el perro la mostrará con menos frecuencia.

¿Por qué especifico la edad temprana? Pues conseguir esa influencia es más probable que alcance el éxito, al menos en probabilidad, que si lo realizo ya siendo adulto donde se han establecido esas conductas impulsivas activando mucho más la muestra de esos genes. El objetivo es mitigar esa expresión conductual ayudada por la genética.

Por lo tanto, podemos afirmar que los genes predisponen a unos comportamientos determinados (temperamento), pero el entorno, la educación puede ayudar a que se muestre en mayor o menor grado.

Heredabilidad.

¿Y con todo esto nos olvidamos de la heredabilidad? No, pues es el porcentaje variable entre los dos individuos de una característica en concreto que viene influenciado por la genética. Como ya he dicho, hay una heredabilidad marcada por el determinismo genético, pero hay otra que es sensible a la influencia del entorno.

Es indudable que las capacidades y habilidades de nuestros perros dependen en cierto punto de la constitución genética, y no podemos hacer nada con esto. Cada perro tiene un límite en sus capacidades, y cada raza tiene una notable influencia en ese límite, por lo tanto, los genes cuentan, ¿pero hasta que punto?

adn perro

Efectivamente, los genes cuentan, pero solo hasta cierto punto, al menos los genes que no están determinados, ya que los podemos modelar, amplificar o disminuir a través del entrenamiento y una práctica educativa, asumiendo que cada perro es único y diferente, y tendrá una respuesta diferente a cada método de adiestramiento (o educativo)  que utilicemos.

Un caso concreto.

Como ejemplo de mutilación de predisposición genética, recuerdo dos hembras de pastor alemán que eran las únicas supervivientes del nacimiento, es decir, la camada estaba formada por ellas dos.  Las conocí en una época de formación, ya hace años, donde me dedicaba a observar y preguntar intentando recibir una respuesta coherente y objetiva.

Todos hemos visto que los pastores alemanes (los perros en general), suelen perseguir pelotas u otros objetos que están en movimiento, es lo que muchos profesionales llaman instinto de caza.  Esta característica es aprovechada por muchos adiestradores para jugar y conseguir la resolución de ciertas conductas mediante el refuerzo de lucha, persecución, portar, etc… el juguete (en este caso la pelota).

En el caso de estas dos pastores alemanas no se producía, se había debilitado, ya que no perseguían ningún tipo de objeto, no había manera de activar esta conducta con ningún método que fue probado. Cabe decir que habían estado encerradas en jaulas y apenas habían salido a jugar fuera de ella, ni jugar con el responsable de las perras.  Cuando el responsable decidió comenzar a entrenarlas, a pesar de los muchos intentos, no puedo conseguirlo mediante las conductas de juego mencionadas.

Algo que todavía me pregunto es si la conducta compleja de caza se había mutilado totalmente o se mostraría con presas reales, es decir, si viesen un conejo por el monte ¿se activaría esa conducta compleja de caza por la visión de esa presa real? Nunca lo averiguaré, pero lo que no puedo afirmar es que no sucediera, esa mutilación conductual podría ser únicamente redirigida a los juguetes  y que no influyera en la activación de presas reales, o pudiera haberse dado en todas las situaciones.

Conclusión.

Terminando, hay cargas genéticas que podemos amplificar fomentando su aparición y reforzando que se produzcan, consiguiendo una mayor activación para realizar determinados trabajos dirigidos a una consecución simulada de esa carga genética.

Pero al mismo tiempo, con la educación, si no extinguirlas pues sería muy complicado, al menos intentar que aparezcan mucho menos. Y para esto es muy importante tener en cuenta las etapas sensibles del perro.

Patores alemanes
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